De las cartas a los besos por celular

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Hubo una época en que cada vez recibía menos cartas, hasta que dejaron de venir. Internet comenzaba a revolucionar la forma de comunicarnos y su primer producto estrella fue el email, que llegaba de manera casi instantánea y no se perdía casi nunca. Sobrevivieron durante un tiempo las postales, porque a la gente le gusta mandar y recibir recuerdos y pegarlos con imanes en la heladera

Cuando aparecieron los celulares uno les daba el número solo a las personas más cercanas. Rara vez a contactos laborales, mientras que ahora lo entregas con la misma generosidad y despreocupación que los verduleros al perejil en los tiempos que era gratis. En cambio, dar el teléfono de línea en el presente constituye casi un acto de amor o compasión. Las raras veces que suena sabés que puede tratarse de tu novio o novia, de algún amigo muy cercano y, casi siempre, de tu mamá. Por eso los adolescentes jamás lo atienden.

Cuando apareció el SMS quedamos fascinados. Tanto que comenzaron a escasear las llamadas móviles y fueron reemplazadas por esas pequeñas líneas atiborradas de Okeys, te quiero, llego en cinco, estoy en una reunión, jajeos y otras máximas literarias. Con los SMS también llegaron los primeros emoticones, tan bizarros como ahora, solo que ya nos acostumbramos. Ahora sirven para representar estados de ánimos, del tiempo y casi cualquier emoción o acontecimiento del reino animal, vegetal o mineral. Ayudan mucho, creo yo, a que la gente escriba cada vez peor. ¿Se imaginan la obra de Cervantes o Borges traducida en base a emoticones y jajeos?

Se colaron en nuestras conversaciones otros medios como el messenger de Facebook y los DM de Twitter, con sus sofisticados 140 caracteres. Las conversaciones comenzaron a ser cada vez más públicas y menos privadas. Empezaron a etiquetarnos y a arrobarnos, y así muchos diálogos comenzaron a salpicarse con las opiniones de terceros, mientras que otros solo miran y cultivan un voyerismo de bajo perfil.

Hasta que de la mano de los smartphones hizo su irrupción triunfal el whatsapp y los SMS, pobrecitos, fueron relegados al uso de los Nokia 1100 y otros aparatos que parecen reliquias del pasado. La cresta de la ola se alcanzó con la llegada de los grupos whatsapianos, que al menos vinieron con un botón salvador para silenciarlos por ocho horas o por un año. La cosa se sofisticó aun más con los mensajes de voz, que al menos convierten los jajeos en risas verdaderas. Supongo que deben estar provocando una cantidad indecible de accidentes. Hay por un lado muchos “besos por celular”, como dice la canción de Divididos, y gente enamoradiza que por mandarlos se choca en la calle o es atropellada cruzando las esquinas mientras envía sus muacs post mortem.

De pronto voy cayendo en la cuenta que, sacando los laborales, ya casi no me llegan emails. Y ni hablar si dejamos a un lado las ofertas de Groupon, las promociones de Josefina de Restorando y las tentadoras  invitaciones a cines y teatros donde van dos y paga solo uno.

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Ya no sé qué es lo próximo que quedará sepultado por la incesante innovación tecnológica. Como a esta altura debo estar llegando a viejo, solo pido que no me hagan recordar más contraseñas ni nombres de usuario. Bueno. Antes las recordaba. Ahora las anoto.

Como dice la maravillosa canción de Leo Masliah, en algún lugar siempre vamos a poder expresar lo que sentimos. Aunque sea en “Biromes y servilletas”, como lo siguen haciendo los poetas montevideanos.

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El amor y el levante en la era de Internet. Parte Uno

amores virtuales 1Hace tiempo que vengo pensando en escribir sobre este tema. Creo que si no lo hice antes fue porque durante el tiempo transcurrido fui cambiando mi propia visión sobre el asunto. Y me di cuenta que no solo se trataba de entender lo que pasaba en el amplio mundo de las redes de encuentros que ofrece Internet, sino también de algo más amplio y profundo. Y que si bien yo puedo escribir sobre mis propias opiniones y eventualmente vivencias, siempre serán visiones personales que requieren ser complementadas y enriquecidas con otras. Por tales motivos también comprendí que estos temas tienen una vastedad tal que, probablemente, requieran de varios posteos. Veremos cómo sale, y si es posible arribar a cierta construcción colectiva. No digo consensos, porque justamente lo que pareciera que abundan son los disensos, los puntos de vista encontrados, los desencuentros. En muchos casos pareciera que eso se debe a las particulares miradas de varones y mujeres, pero ni siquiera estoy tan seguro que se trate de eso. O solo de eso. Aclaro, por último, que lo que voy a escribir en principio intenta ser representativo de lo que ocurre después de los treinta y hasta los 55 o 60 años. Aunque estoy seguro que muchas de las conclusiones podrían aplicarse a una población aun más amplia. Pero basta de introducciones. Vayamos al grano.

¿Me meto en Internet?

El levante a través de Internet y más específicamente las redes sociales de encuentros (RSEs), están lejos de ser un fenómeno nuevo. Tienen sus antecedentes en el chat telefónico y, ya más recientemente, en la aparición del efectuado con la ayuda de una computadora. Algunos recordarán el chat de ICQ, más cercano en el tiempo el messenger de Hotmail, y otros más que no alcanzaron similar relevancia. También existen hace bastantes años páginas como Match, Zona Citas o De la Cole, por citar apenas algunas de las más conocidas. Y otras menos convencionales como las disponibles para infieles declarados, como Ashley Madison, o para aquellos que buscan parejas sexuales, como Adult Friends. Y muchas más. El mundo de las redes sociales cambió definitivamente con la llegada de Facebook, hace más de diez años, de Twitter, que arribo hace unos ocho y, más recientemente, de Instagram y otras más. Si bien estas últimas  no fueron concebidas como redes para el levante, sabemos que nos son pocos los que se reencuentran por esas vías con el compañerito del primario que no veían desde séptimo grado. Tinder revolucionó las RDEs a fines de 2012 cuando las llevó de la computadora al celular, y tiempo después apareció Happn, la última  gran estrella en el firmamento del cachondeo virtual. No pretendo hacer una lista exhaustiva, pues es mucho más larga y cambia según cada país.

Los seres humanos hemos buscado casarnos, estar de novios, o tener amantes o amigos con derecho a roce desde el inicio de la civilización humana. Lo que ha ido cambiando son las formas y los lugares de encuentro, las valoraciones o condenas sociales sobre cierto tipo de relaciones, el tipo de arreglos conyugales (como la convivencia sin papeles). Quizás lo único que se ha mantenido inalterado es esa necesidad elemental de que nos quieran y ser queridos, de cuidar o que nos cuiden. Pero ciertamente las cosas han cambiado mucho en el último siglo, y me animaría a decir que incluso con respecto a los últimos treinta años. Pensemos que los matrimonios arreglados eran aun moneda frecuente hace unos ochenta años (por cierto lo continúan siendo en muchas regiones del planeta), mientras que ahora tenemos parejas que viven “cama afuera” y matrimonios igualitarios. El mundo ha cambiado mucho. Las necesidades afectivas, no tanto.

¿Me meto entonces en Internet? Pareciera que la respuesta es crecientemente afirmativa, según muestran las estadísticas de las empresas que venden estos servicios, y el pulso de la calle. Pero cuando las RSEs hicieron sus primeras apariciones otra hubiera sido la respuesta. Recordemos que quienes buscaban conocer personas a través de la red tendían a ocultarlo, o a contárselo solo a terapeutas o íntimos amigos. Es que las RSEs no estaban muy bien vistas que digamos. O, mejor dicho, las personas que recurrían a ellas.  Eso aun, en menor medida, continúa sucediendo. ¿Por qué? Pareciera que para muchos las RSEs de encuentros son el último recurso luego de haber “fracasado” en otros ámbitos. No pasa nada con ningún compañero/a de trabajo o estudio, no resultaron distintas salidas a bailar o a tomar algo, nos fue horrible con ese/a amigo/a de otro amigo con quien en teoría teníamos tantas afinidades, pero la noche estuvo plagada de silencios incómodos y para colmo no se terminaba más. Por lo tanto no queremos volver a hablar por mucho tiempo de presentaciones o citas a ciegas que nos proponen nuestros amigos y amigas con vocación de celestinos.

Alguien nos cuenta que Fulano o Mengana conoció a alguien por Internet. Y nos incita a probar. Por supuesto que estamos al tanto que existen las RSEs y tenemos cierta idea de cómo funcionan las más populares. Frente a la incitación las respuestas posibles son muy variadas, pero básicamente se dividen en: entusiasmo, negativa rotunda y “podría ser”. Raramente el entusiasmo es la primera respuesta. Por el contrario, negativa rotunda suele encabezar el ranking. “Podría ser” es una opción muy elegida para escapar del asedio de la persona que nos quiere convencer: psicólogos, íntimos amigos, familiares cercanos (o lejanos) o un conocido que es amigo de otro amigo. Cualquiera de ellos puede atacarnos en el momento menos esperado. Circunstancias  disparadoras sobran. Venís de una separación difícil, hace mucho que no estás en pareja, te ven con “carita triste” o te avisaron que en el casamiento de tu prima te pusieron (porque realmente no había otra posibilidad) en  una mesa en que solo van a haber parejas y VOS.

Pero aquí, por el momento, solo nos interesa dedicarnos a los que responden con un NO rotundo. Esto no es para mí, suele ser la respuesta más elegida. Cuando te explican que no se trata de emprender la primera expedición tripulada a Marte, o de un reclutamiento de voluntarios para recuperar las Malvinas, tenés que esforzarte un poco más para explicar tu negativa. Suponés que la gente que está en esas redes seguramente no debe ser muy interesante, porque por alguna razón están AHÍ. Que además te parece demasiada exposición por el tipo de trabajo que tenés, que podrían enterarse tus hijos, o mirá si te cruzás con tu jefe o tu ex. Miles de calamidades podrían ocurrir. Pero la más importante refiere al tipo de gente que esta en las RSEs. El pensamiento que subyace a la “gente que está allí”, es que son personas que no les va bien en el mundo de los encuentros reales (presentaciones, salidas a bailar o bares, compañeros de trabajo o estudio, etc.), que en verdad es lo mismo que te pasa a vos. En rigor, lo que sucede es que los ámbitos de encuentro, sobretodo a partir de cierta edad, ya no abundan. Los barrios ya no son el lugar dónde la gente se conoce (como bien relatan los tangos de la década del cuarenta), sino un montón de edificios; ni siquiera conocés cómo se llama el del 4B. El colegio o la facultad terminaron hace rato, los clubes fueron desfalleciendo y reemplazados por gimnasios. Las ciudades son más grandes y más inhóspitas. Si el tuyo es un buen  interlocutor te explicará que estar en una RSEs no significa estar de oferta o liquidación. O ser una especie de “talle único” por final de temporada. Simplemente es tener ganas de conocer a alguien y asumir que estar solo no es ninguna verguenza. ¿Acaso la gente que va a bailar no tiene como principal objetivo ver “qué pasa” esa noche? Desde las milongas de tango, las peñas folclóricas, los boliches de rock, la cumbia o la música electrónica, las intenciones de varones y mujeres han sido las mismas. La diferencia es que la gente va a “bailar”; no de “levante”. En cambio en las RSEs no hay manera de esconder las verdaderas intenciones detrás de una fachada, aunque no falta aquel o aquella que declara buscar solo nuevos amigos para compartir no se sabe qué cosas.

Nos  quejamos de la dictadura de las pantallas, pero casi todos en mayor o menor medida vivimos en Internet cuando estudiamos, trabajamos, nos relacionamos con otros (Facebook, Twitter, Instagram) o nos recreamos (YouTube, Netflix o Spotify). Internet no es una moda, sino parte de una revolución científica y tecnológica que nos asalta en la PC, la notebook, la tableta o el celular. Y salvo que querramos irnos a vivir a una comunidad hippie en el medio de la mismísima nada, difícilmente podamos prescindir de estar conectados. Hasta a nuestros familiares más cercanos e íntimos los vemos más de manera virtual (desde Facebook hasta los tan temidos grupos de whatsapp) que personalmente. Así que una vez que nos llenan la cabeza con algunos y otros de los argumentos que mencioné arriba, quizás pasemos de la categoría del no rotundo, al “podría ser”. Ese mismo día estaremos espiando de qué se trata y, quién dice, quizás una o dos semanas más tarde o esa misma noche nos sumemos a alguna de las RSEs. Y seguramente, cuando establezcan su primer contacto, dirán algo asi. “Soy nuevo/a aquí. No estoy muy convencido/a de estar aquí, pero quiero probar de qué se trata. Continuará….

 

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Dialoguitos de un loser

Lisa Simsons

Loser negador

  • – Me pasás tu celu?
  • – No.
  • – Ah…Bueno.
  • – Pero si querés puedo añadirte a mi red Linkedin.
  • – Genial. Yo sabía que gustabas de mi.
Loser de cuarta
  • – Y si nos casamos?
  • – Ya nadie se casa
  • – Y si vivimos juntos?
  • – Me gusta vivir sola
  • – Y si somos amigos?
  • – Lo puedo pensar?
  • – Bueno.
 Loser de supermercado
  • – Hola. ¿Me recomendás alguna marca de lomitos de atún?
  • – Llevá esa.
  • – ¡Gracias! ¿Cómo te llamás?
  • – La Campagnola y no tengo celular.
  • – Ups. Me voy a llevar dos.

 

  • Winner Loser
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No me abandones

maquina de escribir

Cuando hace dos años empecé a escribir este blog estaba muy entusiasmado. De hecho durante bastante tiempo escribía todos los días y no eran pocas las noches que terminaban en madrugada. Los amigos que me seguían a veces se disculpaban por no estar al día. Yo les decía que no se hicieran problema, pero en el fondo un poco me enojaba. Algunos, quizás para justificar que no me leían, me decían que les gustaba el blog, pero que mis entradas por lo general solían ser demasiado largas, a pesar de que muchas veces las dividía en varias entregas. Que en internet nadie tiene tiempo para leer cosas extensas, que el bombardeo de información es enorme y constante. Y que además mucha gente se suele conectar desde sus celulares, y ahí cualquier texto parece gigante. Que no tengo que olvidarme que estamos viviendo en la era de Twitter, donde nada por definición puede extenderse más de 140 caracteres. ¿Para que un blog si existe el microblogging? ¿Acaso los blogs no pasaron de moda? Una amiga muy tuitera me dijo hace unos menos que ser blogger es “lo menos”.

También me decían –y lo comparto- que los blogs en general suelen dedicarse a algún tema concreto como cine, literatura o política. Y que yo pretendía hablar de todo ¿Por qué no escribir solamente mis experiencias vinculadas al running? ¿O mejor aún crónicas y relatos cotidianos? O quizás lo ideal sería optar por los microrrelatos, que tienen la ventaja de ser cortitos y taquilleros.

Me he pasado meses, como ocurrió últimamente, prácticamente sin escribir. Son los momentos en que me preguntan “¿qué pasa con el blog?”, “¿por qué no estás escribiendo?”, “¡tus lectores te extrañan!”. Cuando empecé a escribir este blog confesé mi miedo a terminar dejándolo. El ciberespacio está lleno de blogs abandonados por sus dueños y, en la gran mayoría de los casos, sin que medie ninguna despedida. Detesto la idea de que a mi blog le pase lo mismo. Así que acabo de tomar la decisión de que si algún día decido discontinuarlo, las muchas o pocas personas que me han seguido durante estos dos años, lo sabrán. Porque, al fin y al cabo, un blog también se construye de la interacción con los lectores y sus comentarios. Tanto de aquellos pocos que los publican, como de muchos más que me transmiten sus opiniones por privado. Yo escribo para mí y para los que me leen.

¿Uds. creen que si mi blog hablara me pediría que no lo abandone? Por ahora sigo aquí.

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Luz verde en París

bici paris

El título de la noticia me dejó perplejo y decía más o menos así: “Con el objetivo de hacer las calles de la ciudad más seguras, las autoridades de París autorizaron a los ciclistas a saltarse la luz roja de los semáforos”.

Superada la sorpresa inicial y antes de continuar con la lectura de la nota, debo confesar que mi primer sentimiento fue de alivio, pues como la gran mayoría de los ciclistas urbanos, cada vez que puedo burlar un semáforo en rojo, lo hago. Muchas veces me propongo parar y respetar la orden de detención, pero finalmente si veo que no viene ningún auto y no hay peatones cruzando, la tentación de seguir es irresistible.

La medida parisina que establece la abolición de las luces rojas para los que circulan a tracción a sangre en vehículos de dos ruedas no parece improvisada, sino que, por el contrario, tiene fundamentos contundentes.

El primero es que esta medida se enmarca en un plan que pretende aumentar los viajes en bici que se realizan en la ciudad luz del 5% actual a un 15% en el año 2020, lo cual implica nada menos que triplicarlos en tan solo cinco años. Para ello se ha extendido la red de ciclovías parisina y se han construido 10.000 nuevos estacionamientos.

De acuerdo a estudios desarrollados por los urbanistas, en las ciudades francesas el 40% de los desplazamientos en auto es de menos de 3km, por lo cual muchos de estos viajes podrían fácilmente hacerse en bici.

Si se quiere promover el uso de las bicicletas, uno de los argumentos más contundentes es que los viajes se pueden hacer en menor tiempo que en un vehículo particular o en los medios de transporte públicos. Y evitar los semáforos a lo largo de un trayecto, permite a los ciclistas ahorrar unos cuantos minutos. Pensemos, por otra parte, que la onda verde está calculada para el transporte automotor y no para las bicicletas, lo cual implica que aun circulando por las ciclovías, cada cuatro o cinco cuadras algún semáforo nos indica que debemos parar. Detener absolutamente la marcha no solo nos hace perder tiempo, sino también el impulso, por lo cual debemos destinar energías adicionales para poner nuevamente la bici en movimiento. Parar nos frustra tanto, que en las esquinas solemos hacer malabarismos para continuar en equilibrio a velocidades ínfimas.

Por otra parte, si las ciudades tomaran como un problema serio las violaciones de los semáforos por parte de los ciclistas, deberían reprimirlas. Como esto no ocurre, las infracciones quedan en una nebulosa: no están permitidas, pero tampoco son sancionadas.

Probablemente las autoridades parisinas pensaron que en lugar de perseguir a los ciclistas mejor era legalizar una conducta que, según ellos, no genera accidentes, siempre y cuando los conductores de las bicis reduzcan la velocidad en las esquinas y respeten la prioridad de paso de los peatones. Si estas previsiones se cumplen, para los expertos franceses es perfectamente seguro continuar.

Para contribuir a la práctica de la nueva norma, en la capital francesa se colocaron nuevas señales en más de 1.800 cruces y semáforos con un triángulo al revés y una bicicleta en el centro. Esto indica que cuando la luz de semáforo está en rojo, los ciclistas pueden seguir con precaución.

Seguramente muchas ciudades estarán atentas a cómo funcionen estos cambios introducidos en París. Se verá si los tiempos de viaje mejoran y, fundamentalmente, si la medida – como ellos creen – no aumenta la cantidad de accidentes. Parten de un supuesto que parece muy razonable: cuantas más personas ocupen las calles con sus bicicletas, el tránsito no solo será más seguro para los ciclistas, sino también para el resto de los medios de transporte y para los peatones.

Ojalá esta medida funcione muy bien y pronto sea imitada por otras urbes. Por lo pronto, la escasa culpa que sentía por violar los semáforos en rojo cuando voy en mi bicicleta, ya no la siento más.

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#NiUnaMenos. Una bisagra que hace historia y llegó para quedarse

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Yo creo que hay días fundacionales o días bisagra. No es que la historia empiece esos días. No comenzó el 25 de mayo el deseo de ser un pueblo libre, ni el 9 de julio la aspiración de ser independientes. En esas fechas quedaron simbolizadas luchas anteriores. Antes y después hubo mucha sangre derramada. La fecha fundacional más importante que yo viví fue hace ya 33 años. Era el 30 de marzo de 1982. La dictadura más sangrienta de la historia argentina llevaba seis años en el poder y parecía que no se iba a ir más. Yo estaba muy ansioso y entusiasmado porque ese día había una marcha convocada por todos los partidos políticos, los sindicatos, los estudiantes. Teníamos miedo pero igual la Plaza de Mayo se llenó. Había una multitud que cantaba “Pan, paz, trabajo. La dictadura abajo”. La reunión de tanta gente desafiando la prohibición y sacándose la mordaza de la autocensura nos llenaba de felicidad y algarabía.

En un instante se desató la represión. Nos cagaron a palos, nos tiraron gases lacrimógenos, nos bañaron con sus camiones hidrantes, nos desmovilizaron, a muchos nos metieron presos. Tres días después los militares invadieron Malvinas y aprovecharon una causa histórica para intentar perpetuarse en el poder. Lo que pasó después es una historia trágica y conocida. Como la certeza que ese 30 de marzo fue para los militares el principio del fin, y para el pueblo argentino el primer grito fuerte para que nos devolvieran la libertad que nos habían robado, luego de matar a miles de argentinos y sumergir a millones en la miseria. Valió la pena ese 30 de marzo. La locura de Malvinas hubiera ocurrido igual, quizás un tiempo más tarde.

Hoy es 3 de junio de 2015. E intuyo que será otro día fundacional. No empieza hoy la lucha contra la violencia de género y el femicidio. Pero ha sido hasta el momento una lucha de pocos, invisibilizada en muchos casos. Silenciada en otros. Esta tarde cuando en más de 100 plazas de todo el país cientos de miles de personas digan #NiUnaMenos, cuando las cámaras de televisión registren una multitud protestando con algarabía, cuando los diarios y las revistas relaten la gesta en sus crónicas, cuando las redes sociales ardan con sus fotos, consignas y debates, difícilmente haya vuelta atrás. Vienen días difíciles para los machos violentos y los femicidas. Una sociedad alerta los va a comenzar a vigilar más de cerca. Menos mujeres van a esperar a ser maltratadas o golpeadas para reaccionar. Estarán más atentos sus familiares y amigos. El Estado deberá estar a la altura de las circunstancias. Y los políticos deberán entender que la foto con un cartel es solo un punto de partida para compromisos concretos, y no un capítulo más de su campaña electoral.

Pero además hoy es un día fundacional en la lucha contra el machismo. Y a favor del feminismo, si entendemos que la lucha de las mujeres es tener los mismos derechos y oportunidades que los varones, sin que eso implique perder ninguna identidad, ni pretender ser iguales. En ese futuro que vislumbro cercano, a ningún colectivo de varones se le ocurrirá como hace 20 años o ahora, enaltecer (más en serio o en tono de broma), a un odontólogo que asesinó a su mujer, a sus dos hijas y a su suegra, porque tuvieron el tupé de burlarse de él.

Hace 33 años que no tengo el mismo entusiasmo y la ansiedad por asistir a una marcha. Será que intuyo que hoy también será una fecha fundacional, en la que comenzaremos a acorralar a los violentos y a los asesinos. Entre todos vamos a conseguir que paren de maltratar, golpear y matar.

Hoy es un día hermoso.  Nos vemos a la tarde.

#NiUnaMenos

Los muchachos feministas

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A cualquier mujer la pueden matar. #RunnersXNiUnaMenos.

Kathrine

Cuando Katrhine Switzer se inscribió con un nombre de varón en el maratón de Boston de 1967, y logró violar las reglas que en aquel entonces prohibían a las mujeres correr los 42 km y 195 mts , quizás no se imaginó que estaba haciendo historia. Portando el dorsal 261 logró eludir los gritos y la persecución desaforada del comisario de la carrera, y la de muchos otros corredores que intentaron sacarla a los empujones de la competencia. Finalmente, luego de 4 horas y 2o minutos, logró cruzar la meta escoltada por su novio y otros hombres que se solidarizaron con su situación. A pesar de la gesta de Katrhine, las mujeres debieron aguardar cinco años más para que las dejaran competir oficialmente en Boston. Bastante más tuvieron que esperar para que el maratón fuera admitido como deporte olímpico, lo cual recién ocurrió en 1984, cuando se celebraron los Juegos de Seúl.

El argumento de la supuesta debilidad femenina para competir en carreras de larga distancia, que se esgrimía para impedir a las mujeres participar en estas y otras disciplinas deportivas, no resiste ningún análisis serio. Es lisa y llanamente machismo que huele rancio y de la peor estirpe. Las mujeres realizaron trabajos durísimos durante toda la historia de la humanidad, y fueron salvajemente explotadas al igual que los niños desde el surgimiento de la revolución industrial, con jornadas de trabajo que podían extenderse por más de quince horas.

Las Fiestas Mayas, que es la carrera más tradicional del running argentino, se lleva a cabo desde 1971, pero recién desde 1982 se comenzó a inscribir y clasificar a las mujeres. ¿Es una carrera muy dura para el “sexo débil”? No, son solamente 10 km. El machismo evidentemente aplica a todas las distancias.

En el deporte no solamente hay discriminación, sino también violencia y muerte. Como en todos los ámbitos hay violentos y asesinos. Muchos deportistas fueron responsables de maltratar o asesinar a sus compañeras. Fueron encontrados culpables y condenados. Y no se trató solamente de boxeadores o artistas marciales: en todas las disciplinas, e incluso en el atletismo y en el running, existen sobrados casos.

Hoy las mujeres pueden participar a la par de los varones en los desafíos más duros del running. El camino abierto por Katrhine Switzer y muchas otras atletas rindió sus frutos. Afortunadamente hoy tenemos un deporte en el cual varones y mujeres participamos en proporciones similares. Todos somos compañeros y solidarios.

La discriminacion en el deporte es apenas una pequeña muestra de lo que se sucede cuando impera una cultura machista milenaria. Pero es un aspecto que parece trivial frente a otros problemas también originados en el machismo, cuando a las mujeres se las concibe como a personas sumisas que deben obedecer o cumplir los deseos de un hombre.

Sabemos  que en nuestro país a las mujeres las están matando. Según estadisticas reconocidas por gobiernos, ONGs y medios de comunicación, casi todos los días se produce un femicidio, en el cual una mujer muere a manos de la locura asesina de un hombre. Mueren estudiantes, profesionales, obreras, empleadas de comercio, modelos, docentes, actrices. También mueren runners. No es algo nuevo. Sucede hace mucho tiempo, solo que ahora esta más visibilizado y documentado. Afortunadamente ahora hay un movimiento que puso el tema sobre el tapete. Se plantearon objetivos para que esta locura pare y no haya que seguir lamentando la pérdida de vidas humanas. Se llama #NiUnaMenos y fue comenzado por un grupo de mujeres que lograron instalar el tema a través de lasredes sociales.

Los runners nos preocupamos y estamos pendientes para que luego de los entrenamientos nocturnos las chicas no se vayan solas por zonas oscuras o peligrosas. Pero el peligro no solo está en la oscuridad. Las puede matar el encargado del edificio, su jefe, un compañero de estudios, su novio  o su marido. Hay que pararlo. Porque a cualquiera le puede pasar. La violencia de género y los femicidios son problemas demasiado graves para dejárselos solamente a las mujeres. Es un problema de todos. Muchos deportistas se solidarizaron de manera individual. En otros casos lo hicieron de manera colectiva, como fue el caso de muchos equipos de fútbol que militan en  la primera división. Los runners nos dormimos, pero aún estamos a tiempo de hacer sentir nuestra voz. Es importante que lo hagamos, porque el nuestro ya es el segundo deporte más practicado del país, y casi con seguridad el más importante para las mujeres.

Por eso mañana, el 3 de julio a las 15 hs., los runners también tenemos que apoyar y concurrir a la marcha en Plaza Congreso, y en las más de 100 plazas de todo el país en la que haya una convocatoria, para decir, muy fuerte: Basta de Femicidios. #NiUnaMenos  #RunnersXNiUnaMenos.

No se te ocurra

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